Empoderarte para el cambio

Cam­bio: impli­ca deci­dir y ser uno mis­mo

Pue­de ser deci­sión de un momen­to, una nece­si­dad, un quie­bre. Sin embar­go, lograr­lo, es una jor­na­da.

El otro día lo comen­ta­ba con una ami­ga que había deci­di­do tran­si­tar por ese sen­de­ro; ella me aco­tó que yo siem­pre había sido muy par­ti­cu­lar, muy yo. Sin embar­go juz­go que en un momen­to de mi vida deje de ver­me a mí, al menos en mi esen­cia, como el cen­tro de la exis­ten­cia y me fui doble­gan­do ante las cir­cuns­tan­cias. Hacer por com­pla­cer, aun­que me sin­tie­ra incó­mo­do, inclu­si­ve yen­do en con­tra de algu­nos prin­ci­pios, creen­cias o cosas que el sen­ti­do común dic­ta. Muchas veces por no poner lími­tes a tiem­po, con fir­me­za y con amor; a veces por­que malin­ter­pre­ta­ba la dia­tri­ba de tener la razón o de man­te­ner la rela­ción; por como­di­dad, por mie­dos, por el qué dirán, en fin.

 

El cam­bio está rela­cio­na­do con el lugar que ocu­pas en tu sis­te­ma

Pero lle­ga el momen­to, y jamás lo hace tar­de, de la cone­xión con el empo­de­ra­mien­to, con la con­cien­cia de la pro­pia valía. Con el lugar que debes ocu­par en tu sis­te­ma. Entien­do que en mi caso el pun­to de par­ti­da fue un pro­ce­so de toma de con­cien­cia, de obser­va­ción con­ti­nua, pro­pia en gran medi­da pero de los demás tam­bién pues a veces actúan como espe­jos nues­tros.

Pero dar­se cuen­ta –somos más emo­cio­na­les que racio­na­les– no bas­ta. Ante esas situa­cio­nes que nos sacu­den o des­pier­tan, hay que mover­se y aquí jue­gan papel pre­pon­de­ran­te las emo­cio­nes pues son la pre­dis­po­si­ción para la acción. Dar­se cuen­ta tie­ne que ver con esos momen­tos ínti­mos de estar con­si­go mis­mo, llá­men­lo refle­xión, medi­ta­ción, cen­tra­do, estar en silen­cio, lo vital es esa cone­xión con nues­tra esen­cia emo­cio­nal, cor­po­ral y racio­nal.

Acciones para el cambio

Enton­ces comien­za a pro­du­cir­se el cam­bio, enten­der el pasa­do como una fuen­te de apren­di­za­je para hacer a un lado los repro­ches, de haber hecho o haber deja­do de hacer, a apre­ciar nues­tras carac­te­rís­ti­cas, luces y som­bras. Y nos vamos con­vir­tien­do en un autén­ti­co y cohe­ren­te ser, un Yo que comien­za a apre­ciar­se, a sen­tir­se valio­so, con cali­dez en el espí­ri­tu, pleno. No sólo lo vivi­mos noso­tros sino que los demás lo apre­cian. Y des­de allí se ini­cian, tam­bién, cam­bios en los per­so­na­jes de nues­tro entorno. Y sus cam­bios, a la vez, ali­men­tan los nues­tros.

Cuan­do cie­rren su jor­na­da, o comien­cen un día, pre­gún­ten­se ¿qué hice hoy por mí, para satis­fa­cer­me? ¿qué accio­nes empren­de­ré para hacer que este día sea para lograr mis obje­ti­vos?

Bien­ve­ni­dos a Uds. Nos encon­tra­mos pron­to, aquí en Con­sul­to­ra ALAS.

Germán AlvarezEscri­to por:
Ing. Ger­mán Álva­rez Cádiz
Coach Onto­ló­gi­co Pro­fe­sio­nal
@galvarezcadiz


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