Hace muchos años, tuve-emi­tí este jui­cio a mi pare­ja de aquel momen­to: “…estoy muy vie­jo para cam­biar.” con la inten­ción de cor­tar una con­ver­sa­ción que me resul­ta­ba incó­mo­da en ese momen­to; esto lo trai­go como expe­rien­cia per­so­nal en los diver­sos talle­res que dic­to como faci­li­ta­dor.

Hoy cele­bro que dicho jui­cio haya teni­do poco fun­da­men­to. El correr de los años me ha demos­tra­do, y a mi entorno, que sí he cam­bia­do; he pues­to muchí­si­ma ener­gía en el apren­di­za­je, la aper­tu­ra a los demás, la acep­ta­ción del otro a pesar de que sea­mos dife­ren­tes. Men­ciono acep­ta­ción y no tole­ran­cia por­que como dice un buen ami­go, de quien sigo apren­dien­do: “tole­ran­cia es una pro­me­sa de ven­gan­za a futu­ro”. Vamos guar­dan­do, hacien­do cre­cer den­tro de noso­tros lo que nos dis­gus­ta, has­ta que lle­ga el día en que explo­ta­mos por no aguan­tar más; y, posi­ble­men­te, esa emo­ción nega­ti­va rete­ni­da en el cuer­po, calla­da ver­bal­men­te, se va fil­tran­do en nues­tro cuer­po, asi­mi­lan­do ese des­agra­do y soma­ti­zan­do sus efec­tos, cau­san­do des-balan­ces en nues­tros orga­nis­mos que inclu­si­ve pue­den lle­gar a con­ver­tir­se en dolen­cias cró­ni­cas o en enfer­me­da­des psi­co­so­má­ti­cas.

El aprendizaje, cambio personal.

El apren­di­za­je es un habi­li­ta­dor del con­vi­vir armo­nio­sa­men­te con el entorno y noso­tros mis­mos.

El apren­di­za­je no sólo nos abre nue­vas posi­bi­li­da­des, amplía la visión que tene­mos del mun­do, de nues­tros com­pa­ñe­ros, veci­nos, ami­gos y fami­lia­res, sino que se con­vier­te en habi­li­ta­dor del tra­ba­jo en equi­po, de la con­vi­ven­cia, enten­di­da como el vivir armo­nio­sa­men­te en comu­ni­dad; y, si no nos hemos dado cuen­ta, par­ti­ci­pa­mos en diver­sas comu­ni­da­des y equi­pos: fami­lia­res, labo­ra­les, depor­ti­vas, socia­les, cul­tu­ra­les, loca­les y nacio­na­les.

Haber emi­ti­do ese jui­cio que rela­té se con­vir­tió, has­ta que lo iden­ti­fi­qué y me hice car­go, en un enemi­go de mi apren­di­za­je y mi cre­ci­mien­to y, por ende, de mi posi­bi­li­dad de con­vi­vir más armó­ni­ca­men­te, inclu­si­ve con­mi­go mis­mo; hoy sien­to que haber­me hecho car­go de ese doble quie­bre, ser vie­jo es ser inca­paz de cam­biar, sig­ni­fi­có un cam­bio esen­cial en mi vida que ha dado paso a diver­sos cam­bios cada vez más inten­sos, cáli­dos, pro­fun­dos. Hoy sé que no soy vie­jo y que pue­do apren­der aún muchas cosas.

¿Algu­na vez te haz dete­ni­do a deter­mi­nar qué situa­cio­nes aten­tan direc­ta­men­te con tus posi­bi­li­da­des de apren­der? Si lo haz hecho ¿qué emo­ción te ha cau­sa­do diag­nos­ti­car­los (sí, pue­den ser más de uno!)? ¿Cuá­les accio­nes haz empren­di­do para ven­cer esos enemi­gos y dar­te a la tarea de empren­der el camino del nue­vo apren­di­za­je?

Muchas veces no tene­mos con­cien­cia de cuá­les son esos enemi­gos. Pero, te ase­gu­ro, que allí están.
¿Algu­na vez haz dicho, o pen­sa­do algo como: “Esto ya lo sé, son otros lo que tie­nen que apren­der­lo”, “Lo que sé es todo lo que debo de saber”. O: “No sir­vo para apren­der eso”. O expre­sio­nes como: “Me gus­ta­ría apren­der, pero no ten­go tiem­po”. “Eso, ¿para qué me sir­ve?.

A veces no tene­mos la capa­ci­dad o las ganas de des­apren­der, para dar espa­cio a nue­vo cono­ci­mien­to; otras, no damos la auto­ri­dad a quien inten­ta ense­ñar – por ser más joven, más vie­jo, de otra con­di­ción social, sexual, polí­ti­ca o de cual­quier otra índo­le.

Iden­ti­fi­car los enemi­gos del apren­di­za­je per­mi­te el acce­so al cono­ci­mien­to, a nues­tro mun­do emo­cio­nal, y a inte­grar éste con nues­tro cuer­po y nues­tro len­gua­je.

Exis­ten muchos más enemi­gos. Mi invi­ta­ción es ir al bási­co, al que per­mi­te el pri­mer paso hacia apren­der algo nue­vo. ¿Te ima­gi­nas cuál es?

Exac­ta­men­te!: es decir. NO . Pro­nun­ciar­la es una decla­ra­ción fun­da­men­tal, que nos per­te­ne­ce por ser seres huma­nos, nos abre las puer­tas al apren­di­za­je lo que nos intere­sa, nos haga fal­ta, nos nutra, des­de bai­lar, pasan­do por físi­ca nuclear, has­ta cosas más fun­da­men­ta­les como res­pi­rar, medi­tar o amar.

Si no acep­ta­mos que no sabe­mos, el apren­di­za­je no pue­de ocu­rrir y no se pro­du­ci­ría la aper­tu­ra nece­sa­ria para hacer­lo posi­ble, con­ti­nuo y enri­que­ce­dor.

Para fina­li­zar te dejo estas reco­men­da­cio­nes:

  • Pre­gún­ta­te: ¿Qué jui­cios, situa­cio­nes o ele­men­tos están inter­po­nien­do con mi apren­di­za­je?. ¿Cuá­les accio­nes debo empren­der para hacer­las a un lado y comen­zar de nue­vo a apren­der?
  • Recor­de­mos que apren­der cons­ta de dos eta­pas: des­apren­der pri­me­ro y lue­go apren­der algo que ocu­pe su lugar.
  • El apren­di­za­je no es sólo cog­ni­ti­vo. Inclu­ye tam­bién a nues­tras emo­cio­nes y a nues­tro cuer­po, de mane­ra inte­gra­da.
  • Apren­der no tie­ne edad ni con­di­ción, sólo ganas de hacer­lo.

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