Hay muchas fra­ses pesi­mis­tas que sole­mos escu­char: “en este país ya no se pue­de vivir”, “esta ciu­dad es un infierno”, “a la gen­te ya no le impor­ta nada”… podría­mos con­ti­nuar encon­tran­do aque­llos dichos que más has escu­cha­do –e inclu­so los que más has pro­nun­cia­do–, pero no es mi inten­ción seguir ali­men­tan­do el males­tar, sino por el con­tra­rio, apren­der a mirar la belle­za que no vemos por estar ace­le­ra­dos y con estrés.

La belle­za exis­te y exis­ti­rá siem­pre, pero no es algo que esté ahí fue­ra inde­pen­dien­te de ti, sino que nece­si­ta de ti para exis­tir. ¿Dón­de que­da el aro­ma del jaz­mín si no lo pode­mos apre­ciar? ¿Qué hace el soni­do del mar sin nadie que lo escu­che? ¿Cómo des­plie­ga su sabor un man­go sin que sea sabo­rea­do?

En don­de sea que vivas –una ciu­dad, un pue­blo, la mon­ta­ña, el mar– siem­pre podrás encon­trar luga­res y per­so­nas que te pro­duz­can recha­zo o te dis­gus­ten, y tam­bién con quie­nes te conec­ten con el pla­cer, el amor y la paz, que eso en defi­ni­ti­va es la belle­za.

Ima­gi­na un niño de tres años que ríe a car­ca­ja­das por­que sí a solas en un lugar. El está feliz, radian­te, pleno y pre­sen­te. De pron­to entras tú y el niño deja de reír. Cuan­do te vas e ingre­sa su mamá vuel­ve a son­reír. Podría­mos decir que se cohi­bió ante un des­co­no­ci­do, esa sería la expli­ca­ción más común y tran­qui­li­zan­te, pero este ejem­plo es una metá­fo­ra para que refle­xio­nes. Si el niño es el mun­do en el que vives, y lo que ves te mira con serie­dad… ¿qué cam­bios podrías hacer para que te son­ría? ¿Cómo podrías apren­der a ver la belle­za cuan­do no está a pri­me­ra vis­ta, o cuan­do está fren­te a tus ojos pero no la regis­tras?.

Aprender a ver la belleza

Foto: Michael Peli­gro

Apren­der a ver la belle­za más allá de lo coti­diano

No estoy dicien­do que vayas a un basu­re­ro e ima­gi­nes que estás en un cam­po de flo­res, eso sería una fan­ta­sía, estoy dicien­do que comien­ces a pre­gun­tar­te cómo es que a algu­nas per­so­nas les resul­ta más fácil ver lo feo/negativo y a otras les resul­ta muy fácil ver la belle­za.

Adqui­rir la habi­li­dad de ver la belle­za de la vida requie­re de prác­ti­ca y del desa­rro­llo de tu inte­li­gen­cia emo­cio­nal y sen­so­rial. Este tipo de inte­li­gen­cia se desa­rro­llan a tra­vés de la volun­tad y el fir­me pro­pó­si­to de obser­var tu acti­tud ante los deta­lles coti­dia­nos de la vida.

¿Cuá­les son los deta­lles a obser­var en tu vida de todos los días para che­quear cuán cer­ca o lejos estás de la belle­za que no has vis­to has­ta hoy?, a con­ti­nua­ción algu­nas ejem­plos:

  • Mirar a los ojos a las per­so­nas con las que te rela­cio­nas y per­ci­bir si la mayo­ría de la gen­te te son­ríe y se rela­ja ó se pone seria y se defien­de.
  • Obser­var cuán­tas veces al día te encuen­tras asom­brán­do­te por las mara­vi­llas que des­cu­bres cada vez que sales de tu casa, o si te encuen­tras en con­ver­sa­cio­nes inter­nas de can­san­cio, des­con­fian­za o des­gano.
  • Per­ci­bir si bus­cas conec­tar con el mun­do a tra­vés de los sen­ti­dos (olfa­to, vis­ta, gus­to, tac­to, soni­dos) o casi exclu­si­va­men­te a tra­vés de con­ver­sa­cio­nes pura­men­te men­ta­les y lin­güís­ti­cas.
  • Obser­var­te si dejas espa­cio en tu vida para diver­tir­te y jugar, o eres siem­pre un adul­to dema­sia­do res­pon­sa­ble y abu­rri­do.
  • Reco­no­cer si la mayo­ría del tiem­po tie­nes faci­li­dad para agra­de­cer por lo que tie­nes o por el con­tra­rio caes fácil­men­te en recla­mos y que­jas.

En las cin­co situa­cio­nes ante­rio­res, obvia­men­te la pri­me­ra opción es la acti­tud que te acer­ca­rá cada vez más a ver y vivir la belle­za que no has vis­to has­ta aho­ra. Y si ya te sien­tes bas­tan­te en sin­to­nía con esa belle­za, cuan­ta mayor sea la con­cien­cia mejor será la cali­dad de cone­xión con esa belle­za. Los mun­dos suti­les te reve­la­rán cada vez más sus secre­tos ya que esta­rás aten­to a reci­bir sus men­sa­jes.

Como decía Anto­nio Macha­do: “yo amo los mun­dos suti­les, ingrá­vi­dos y gen­ti­les como pom­pas de jabón

¿Estás pre­pa­ra­do para dar un sal­to cuán­ti­co en tu capa­ci­dad de cone­xión con un mun­do que se le mues­tra sólo a quien tie­ne ojos para ver? Si este artícu­lo te lle­va a refle­xio­nar y pre­dis­po­ner­te a ver más allá de lo común… enton­ces mis pala­bras y tu vida podrán conec­tar con algo esen­cial: un nue­vo sen­ti­do, el de ser maes­tros en apre­ciar la belle­za para ti mis­mo y para rega­lar­la a los demás.

Ignacio TrujilloEscri­to por:
Igna­cio Tru­ji­llo
Coach Onto­ló­gi­co y Direc­tor
Con­sul­to­ra ALAS


2 commentarios

Katiuska Echenagucia · 12 agosto, 2015 a las 8:52 pm

Me encan­tó! !!!!!!

    El Team ALAS · 13 agosto, 2015 a las 9:05 am

    Que bue­nooooo!!!! Pre­cio­saaa!!
    😉

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